Hay niños, niñas y adolescentes que viven en viviendas de protección, de forma temporal o más estable, y que también pueden beneficiarse de compartir tiempo con una persona o familia colaboradora, en un entorno familiar seguro, afectivo y enriquecedor.
Las personas o familias colaboradoras se comprometen a compartir con ellos periodos de tiempo determinados como fines de semana, festivos o vacaciones.
Este programa permite que los niños, niñas y adolescentes:
Participen en actividades diferentes.
Aprendan a convivir en familia y a conocer relaciones afectivas positivas.
Establezcan vínculos emocionales sanos con personas adultas de referencia.
Amplíen su red de apoyo social y afectiva.
Para ellos y ellas, puede suponer una experiencia muy valiosa en su desarrollo personal, emocional y social.
También puede ser una experiencia muy enriquecedora para las personas y familias participantes, siempre que:
Tengan expectativas realistas.
Entiendan su papel como complementario al de las viviendas de protección.
Estén dispuestas a seguir las orientaciones del personal técnico y educativo.
Muestren respeto hacia la historia, las necesidades y el entorno del menor.
Este programa permite que los niños, niñas y adolescentes:
A niñas, niños y adolescentes mayores de 7 años que residen en viviendas de protección y para quienes no se prevé a corto plazo otra alternativa familiar.
Son niños, niñas y adolescentes que han debido dejar su entorno familiar para estar protegidos y poder crecer en un entorno seguro. Por eso, establecer con ellos vínculos positivos, estables y respetuosos puede ser especialmente beneficioso.
Pueden colaborar personas o familias que:
Sean mayores de edad.
Dispongan de capacidades y habilidades adecuadas para atender las necesidades del menor.
Tengan una situación personal, familiar y laboral compatible con el programa.
Amplíen su red de apoyo social y afectiva.
Además, deben aceptar que algunos menores mantienen contactos periódicos con su familia biológica, y colaborar para que esas relaciones puedan desarrollarse con normalidad durante el tiempo de convivencia.
Compartir fines de semana, días sueltos o periodos vacacionales.
Realizar actividades sencillas: pasear, cocinar, ir al cine, excursiones…
Ofrecer un entorno seguro, respetuoso y afectivo.
Un proceso previo de valoración y formación.
Apoyo y seguimiento profesional.
Orientación continua.
Infórmate en:
ACOGIMIENTO FAMILIAR Y ADOPCIÓN DEL GOBIERNO DE LA RIOJA
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